Viernes noche, mítico viernes noche.
Las preocupaciones no tenían estos tamaños, y lo que importaba era desperdiciar bien nuestro tiempo. Todo era seguro, todo era cierto, nada era en vano. Pero ahora cuando recuerdas los míticos viernes, ahora que ves que nada de lo seguro era real, que había mas posibilidades de ganar la lotería de que a día de hoy siguieras aquí, ahora todo parecía mucho mejor.
Las calles se mojan, el otoño dice hola medio resentido porque nadie le dedica una sonrisa. Es un poco melancólico la verdad, pero bien que sonreímos en una tarde lluviosa cuando dices que vienes a verme, y apareces por la puerta hecha un asco y con una litrona debajo del brazo.
No es de extrañar que nos echemos de menos.
No es un disparate pensar alguna que otra vez que a lo mejor me equivoque.
No es malo que quiera emborracharme y sólo decir gilipolleces una y otra vez.
No estás y eso duele.
Pero mítico viernes, cuando las horas se te echan encima, y hay llamadas, lluvia, watshap, y cervezas puede que este mítico viernes me recuerde que no somos lo que eramos en ese momento, pero sin duda alguna hemos mejorado. No puedo decirte con exactitud la de noches de lluvia que he desperdiciado llorando en mi cama. La de hielos que pasas por tus ojos para descongestionar esa amargura que es tan evidente.
Los recuerdos se amontonan y hoy volvemos al ataque. Porque los recuerdos de ayer ya no valen, lo que importa es fabricar unos nuevos hoy, para que mañana pueda sonreír en vez de llorar.
Porque busco tu cara y no la encuentro.
Pero ellas si están, y estarán siempre.
Te pasas una vida intentando enseñarle a los demás lo que verdaderamente eres, pero llega un día y el rencor hace que alguien quiera hacerte parecer mala, y con dos palabras lo consigue. Las calles se mojan, pero hoy no me importa, porque es viernes, mítico viernes de chicas, y tu no estás, y me importa, pero juro, que no se me notará...