Vero baja las largas escaleras que conducen a la parte de abajo de la discoteca. Le duelen los pies, pero no quiere irse. Las busca, las busca desesperadamente.
-Aquí estáis, no puedo con ella, te lo juro no puedo...- Y toma un buche de la copa de María,- Mierda que tu no bebes- Y prueba esta vez con la de Clau.- Las tres horas de terapia que le hicimos ayer, a la basura. No atiende a razones, desde que lo ha visto ha hecho lo posible para hablar con él, y ahí están, el diciendole tres boberias y ella con esa cara de niña boba, con los zapatos mojados-
-¿De qué hablaban?
-No lo sé, ni me importa, me quedé sola y un pesado no hacia sino preguntarme mi nombre y mi taya de sujetador, ¡Dios!- y respira profundamente.
-Mira ahí viene- Y por las escaleras, tambaleándose, aparece una morena con un vestido veraniego, de flores rosas y amarillas. Parecen más marchitas que al principio de la noche.
Pola la observa, al cruzar su mirada con la de su amiga se gira, toma una bocanada de aire que sabe a humo y sudor, a ron y a desesperación. Saca la caja L&M y enciende un cigarrillo.
-Seis tequilas por favor, uno de ellos doble....-
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